Bendita senectud, podría decirse. Ahí están Novak Djokovic y esos 39 años apoyados sobre la raqueta, como si fuera un bastón. La paliza es de aúpa. Han sido 5h 15m de pelea con Felix Auger-Aliassime y contra esa ebullición y esa lozanía de los 25 años del canadiense, quien después de una estupenda réplica termina inclinándose ante el instinto infinito del ganador. Se rocía este de agua, coge aire, exhala y resume: “Estoy feliz”. Y el entrevistador pregunta cómo demonios lo ha hecho, cuál es el secreto para seguir haciéndolo: “Una raqueta y mucho corazón”. El 7-6(10), 3-6, 6-3, 6-7(4) y 7-6(4) le guía de nuevo a un cruce en las semifinales (al igual que en la edición anterior) con el número uno, Jannik Sinner, que previamente se ha desecho del alemán Jan-Lennard Struff: 7-5, 7-6(4) y 6-3, después de 2h 35m. Son las 22.53, a solo siete minutos del bocinazo que fija la tradición del torneo.
Djokovic sigue viajando al infinito: se sostiene y encara a Sinner en las semifinales de Londres
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