
El otoño no es solo tonos ocres, bosques de hojas que caen y pueblos de interior. Provincias como Granada tienen mucho que decir en esta estación: ofrecen vidilla urbana, una sierra que empieza a cubrirse de blanco, paisajes desérticos y cuasilunares, pueblos blancos y una costa en la que todavía apetece sentarse frente al mar. Estos días, además, la temperatura se templa y alcanza el punto idóneo para una visita: ni el calorazo del verano ni el frío intenso de los meses que se vienen encima. Y todo cerca, a distancias asequibles desde casi cualquier punto del país.



