En la época de Cervantes, la imagen cómica de don Quijote lanzándose contra los molinos de viento tenía también un trasfondo político. En las clases populares, tres cuartas partes de la dieta eran harinas y los cereales tenían que molerse en esos molinos que, al igual que los hornos, actuaban en régimen de monopolio forzado. El señor de la zona cobraba un tributo por el uso de una infraestructura que podía ser común y que, en algunos casos, lo había sido. Los molineros eran odiados y solían protagonizar canciones o narraciones satíricas, y oír a alguien decir sobre los molinos de viento que “es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra” tenía un doble sentido casi revolucionario que ya no entendemos y no porque hayan desaparecido los usos feudales, sino porque el pan ya no lo es todo.

Historia del pan
Gabriele Rosso
Traducción de Mildred Nicotera. Barlin, 2026. 192 páginas. 19,95 euros



