Cuando aún se apellidaba Allman, Valarie Sion era una niña esbelta que hacía ballet con gran ritmo y armonía, y cuando creció se convirtió en la mejor lanzadora de disco del mundo, 1,83, 70 kilos, pura fluidez y velocidad sensible en la jaula. Rompió el estereotipo de que para ser lanzadora había que atiborrarse de anabolizantes, poseer cuerpos colosales de tamaño y renunciar a la gracia, e Inés López, la madrileña de 22 años que se clasificó para la final del viernes (21.30), admira a Valarie, y sus pendientes de perlas, y ha empezado también a hacer baile, y en la jaula de Birmingham una mañana en la que el sol de una ola de calor anunciada en las West Midlands británicas empieza a achicharrar la jaula, hace danzar como nunca su 1,80m y sus 75 kilos, y hace el mejor lanzamiento de su vida, 61,45m, a solo 44 centímetros del récord nacional de Sabina Asenjo que ya ha cumplido 10 años. “No hay estereotipos en el atletismo. Cada una llega con sus características y compite”, dice, y a su lado, compitiendo, lanzando 60 metros y clasificándose también, está la francesa Mélina Robert Michon, de 47 años, que ya fue medallista mundial júnior hace 28 años, y plata en los Juegos de Río 16. Y habla casi como una proselitista del atletismo de lanzamientos, convencida de la bondad de su mensaje, de su sinceridad. “Me hace muy feliz de que el sector de lanzamientos del atletismo femenino español esté tan pujante”, dice. “Ojalá yo sea para chicas más jóvenes lo que es Valarie para mí, un ejemplo para que se animen a practicarlo”.
Inés López baila con el disco en los Europeos de atletismo
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