La señora Shuurai Oyunchimeg da la bienvenida a la yurta con un pequeño cuenco de leche cogido con las dos manos. Y señal de agradecimiento y respeto es beber un sorbito de ese símbolo de pureza tomando el recipiente también con las dos manos, cuentan algunos que para demostrar que llegas desarmado, sin cuchillos ni arcos. Pasa el agosto instalada junto a su familia en alguna coordenada de la provincia de Töv, en Mongolia, donde se llega después de unas cuatro horas de furgoneta por abruptas pistas de tierra, a través de una imponente estepa. Ella es una de los 500 millones de pastores que viven unidos a la tierra y el ganado en el mundo. Y se enfrenta a un suelo cada vez más degradado, ya sea por el cambio climático, la sobreexplotación, la contaminación de las tierras y las fuentes de agua, las políticas laxas o su mal uso.
La visita ha sido facilitada por el Gobierno de Mongolia para los periodistas que cubren la COP17. EL PAÍS ha sido ganador de una de las seis Becas para Reporterismo concedidas por la UNCCD para esta cumbre.



