Cuando sir Alex Ferguson acudió a Old Trafford la última vez, el pasado 30 de agosto, a sus 84 años caminando a duras penas con una férula tras sufrir una lesión en el tendón de Aquiles, parecía un hombre más enérgico que Michael Carrick a sus 45. El entrenador del Manchester United, exjugador y discípulo de Ferguson, habló en la sala de conferencias del Metropolitano con la voz entrecortada y la mirada oscilante de los hombres que se inhiben. Parecía oprimido. La tristeza lo embargaba. La melancolía, la sensación de que nada grande es factible, se impregna como un miasma en el equipo que un día fue el más vibrante y rico de Europa.
La tristeza de Carrick preside la comitiva del Manchester en Madrid
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