
Los productos de plástico que usamos a diario se descomponen en microplásticos, minúsculas partículas que generan efectos tóxicos en la vida marina que, a su vez, acaban llegando a los humanos. Su minúsculo tamaño hace que sean complejos de detectar y limpiar. Un estudio publicado este jueves abre una vía para hacerlo a través de un novedoso método óptico: los investigadores han estudiado imágenes por satélite de la gran mancha de basura del Pacífico y han constatado que en los últimos 20 años ha aumentado la luminosidad de las zonas marinas más contaminadas, es decir, que ha cambiado el color del océano. Los autores del trabajo reconocen que todavía hacen falta mediciones directas para confirmar que la herramienta funciona y se puede aplicar en otras áreas marinas.



