
Una comida familiar, una charla entre amigos o una conversación en un restaurante lleno de ruido. Si uno escucha bien, está dentro: disfruta, participa, se implica. Pero si la audición falla seguir el hilo de una conversación se convierte en un engorroso esfuerzo, y aparecen el cansancio, la frustración o la tentación de mantenerse al margen. Es decir: uno se queda fuera.




