PISA evalúa competencias, pero la Selectividad (PAU) sigue evaluando algo menos exigente: contenidos y recetas. La comprensión y el razonamiento son más difíciles de entrenar que la reproducción de procedimientos y, cuando un examen puede perjudicar al alumnado «local» frente al del resto del país, el inmovilismo se impone. La PAU moldea la educación secundaria con más fuerza que las sucesivas leyes educativas, por lo que liberarla de ese corsé cambiando las calificaciones absolutas por posiciones relativas contribuiría a hacer de ella una poderosa palanca de mejora educativa.
Selectividad: estandarizar la pluralidad para mejorar la Secundaria (y de paso los resultados en PISA)
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