
En el autobús: alguien pulsa el botón de la parada y deja ver unos hoyuelos en las uñas. En el trabajo: las descamaciones del cuero cabelludo se vierten sobre el teclado. En el gimnasio: el pantalón corto muestra unas placas rojas en las rodillas. Es psoriasis, es la psoriasis que se ve, “esa persona tiene psoriasis”, se dirá. Sí. Pero es solo la manifestación visible de esta enfermedad inflamatoria inmunomediada (IMID). La psoriasis se mete en la cabeza, puede afectar psicológicamente a quien la padece, y llega la falta de autoestima, aparece la ansiedad, incluso la depresión. O se desencadena la artritis psoriásica, una dolencia que ataca las articulaciones, los tendones y la columna, y que sufren entre el 20% y el 30% de los pacientes. Sobrepeso, también, un 30% lo tienen. Y diabetes. Hipertensión. Enfermedades intestinales, oculares.



