
El alcalde de El Tiemblo (Ávila), Arturo Varas, reparte mascarillas a los vecinos que esperan instrucciones al pie de una ladera del monte convertido en un campo de cenizas negras. Ha pasado algo más de un mes desde que el pavoroso incendio de Burgohondo, que abrasó 39.570 hectáreas (27.600 de superficie forestal), alcanzara el pueblo, y ahora toca combatir esa capa negruzca en la que se ha transformado la vegetación y la parte más superficial del suelo. Hay que hacerlo antes de que lleguen las lluvias y se transforme en un chapapote que contamine ríos, embalses y aguas subterráneas.




